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Me sujeté fuertemente al púlpito. Sentía un nudo en mi interior. Estaba
a punto de renunciar a mi primer trabajo pastoral, después de tres años
en el cargo.
Era esa clase de reunión sobre la que muchas veces hemos oído hablar y
siempre hemos deseado no tener que atravesar. Las hileras de bancos
estaban atiborradas de personas. Habían venido a ver si era cierto que
el pastor manifestaría sus intenciones de renunciar.
¿POR QUÉ?
¿Por qué miraba a este rebaño con tanta ira? ¿Por qué sentía recelo de
predicarles cada semana? ¿Por qué me inspiraban amargura y frustración
en lugar de verlos como “hermanos míos amados y deseados, gozo y corona
mía”? (Filip. 4.1)
Los antiguos marinos solían decir: “Si nadie te sigue, no eres un
líder”. Algunos pastores sufren bajo las manos de congregaciones que
ellos ven como empecinadas en hacer su voluntad y negándose a seguir a
algún líder.
¿Cuántos pastores pierden tiempo buscando bibliografía, yendo a retiros
y, buscando respuestas para frustrantes preguntas sobre el liderazgo?
Existe la frustración de mirar a nuestro alrededor
y ver a quienes lucen como líderes eficaces. Las iglesias que guían
crecen abundantemente. Buscamos su consejo, nos aferramos a sus
palabras, traspolamos sus programas a nuestras iglesias. Sin embargo,
nada ocurre. Aferrados a esta falacia muchos pastores tropiezan en el
ministerio, frustrados y en constante revisión del
llamado de Dios en sus vidas.
Esos hombres-modelo no son como el mitológico
rey Midas. En realidad se parecen más al rey David. A pesar de algunos
graves errores, más allá de desaciertos cometidos como líderes, lo que
tocan se convierte en oro. Pero David no era el rey del toque dorado,
David era el “rey pastor”. Moisés también lo fue.
MODELOS BÍBLICOS
Cuando pensamos en modelos bíblicos sobre el liderazgo, David y Moisés
son reconocidos como líderes legendarios ¿Por qué Dios los pudo usar
tan eficazmente? ¿Cómo puede ser que sus historias
estén jalonadas con pasos en falso y errores y, a pesar de todo, hayan
sido grandemente recompensados como líderes del pueblo de Dios?.
Quizá fue su educación. Pero la Biblia no da cuenta de la educación de
David. En cuanto a Moisés, la Escritura es clara al decirnos que
desechó lo que Egipto le ofrecía. Esto debe haber incluido deleites y
riquezas, dado que era el hijo de la hija de Faraón (Hebreos 11.24-29).
Es probable que las personas que condujeron hayan sido menos
complicadas.
Empero, una rápida mirada al relato del Exodo o a
los pasajes sobre la vida de David demuestran que no era así.
El único modelo que David tuvo como rey fue Saúl, un líder pobre.
Moisés ni siquiera tuvo un referente. Es más, hasta entonces el pueblo
de Dios no se había constituido como nación bajo la ley de Dios
¿Entonces, cómo explicarlo?
EL GRAN SECRETO
El secreto que hizo a estos hombres líderes eficaces para el pueblo de
Dios es el mismo que hoy se aplica a muchos hombres. Sobre Moisés sólo
se dice que “él llevó las ovejas a través del desierto” (Exodo 3.1).
También se menciona a David diciendo
que “él apacienta a las ovejas” (1 Sam. 16.11). El secreto de un
liderazgo efectivo está en esa frase. “Ellos cuidan a las ovejas”. En
tal actitud son retratados por la Escritura.
Ese es el tipo de liderazgo más desarrollado en el Nuevo Testamento. Me
gustaría poder poner mi brazo sobre los hombros de cada pastor
frustrado que se haya desviado del estilo de liderazgo establecido por
Dios. Les diría: “Conozco lo que lees. Conozco las trampas que
intentaste sortear. Para ti está bien con sólo ser pastor”.
Pero hay algo más. Es el modelo que nos ha sido dado, es el nombre con el cual este trabajo ha sido denominado.
COMPRENDIENDO EL ROL
Todas las palabras que en la Biblia aluden al “pastor” conducen a un
mismo lugar: la palabra “oveja”. Parece inevitable que cuando un hombre
abandona el estilo pastoral de liderazgo se vuelque a un estilo más
agresivo. Comienza ubicándose detrás de las ovejas, manejándolas, no
guiándolas desde el frente. La predicación focalizará lo negativo. “¡No
deben!”, gritará en tono acusatorio que destruye.
Cuando el liderazgo es carnal en vez de espiritual las ovejas comienzan
a morir. Se vuelven desnutridas y errantes. ¿Quién puede culparlas? Es
difícil seguir a un hombre que no lidera, pero es imposible seguir a
uno que está “conduciendo”
detrás.
Afortunadamente este estilo “vaquero” de liderazgo me llevó al lugar
adecuado: mis rodillas. Hay sólo un remedio para la desobediencia: el
arrepentimiento.
Si nadie sigue tu liderazgo, detente y analiza tu
situación. Asegúrate de que estás en el frente para
conducir a las ovejas de Dios y no detrás de ellas,
tratando de llevarlas a los empujones.
Este oscuro período de mi vida fue seguido por
el descubrimiento de una gran verdad espiritual. El
liderazgo pastoral es una extensión del liderazgo de
Cristo mismo. Ellas son sus ovejas, yo soy su “subpastor”.
Jesús vino porque amaba a sus ovejas. Dio todo lo
que El tenía para ellas. Este es el liderazgo que funciona, que cambia
vidas, que hace crecer a las personas y a las iglesias. Este es el
“estilo” que Dios ha ordenado y ejerce.
El auténtico liderazgo pastoral es el resultado de un entrañable amor
por el rebaño del Señor. Un pastor está llamado a conducir a las
personas que ama.
No porque ellas sean fáciles de guiar, no porque sean dóciles, sino
porque él ama a las ovejas. “Porque el amor de Cristo nos constriñe...”
dice Pablo (2 Cor. 5.14).
El liderazgo pastoral propiamente ejercido es un liderazgo productivo y
vibrante. Está motivado por el amor y halla su propósito en la gente.
EL RESTO DE LA HISTORIA
Nunca regresé a esa iglesia y tuve que recomponer algunas relaciones
dañadas. Cuando partí fue con la intención de no predicar por largo
tiempo. No obstante, cinco semanas más tarde me encontré aceptando un
llamado como pastor interino en la iglesia donde ahora estoy sirviendo
como pastor principal.
Esas cinco semanas no hacen la diferencia. Fueron los tres años previos. Fue la gracia de Dios en
mostrarme que el pastorado es un trabajo de amor, no un tiempo de
trabajo. Todavía no tuvimos que tirar paredes abajo en la iglesia donde
sirvo, pero hubo
que agregar asientos extras. Pero el que más crece soy yo.
Algunos domingos a la noche no puedo dormir porque tengo ansias de
verlos al día siguiente y proclamarles la Palabra de Dios. Pienso que
es así como me debo sentir. Es por ello que soy llamado pastor.
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Patrick Burks es pastor de la Iglesia Bautista de Big Thicket, en Kountze, Texas.
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