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ACTITUD DE GRATITUD

Un día Jesús y sus discípulos salieron así a el mar de Galilea y Iván camino a Capernaum. Los discípulos le preguntaron a Jesús para donde es que ellos iban, y cual era el propósito. Jesús les contesto : “ OH vamos rumbo a el área de las 10 ciudades griegas, el Dacapolis” Ellos preguntaron…     Readmore

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El hombre de Dios en tiempos peligrosos

Cuál ha de ser el carácter de un hombre de Dios en nuestros días? Los nuestros son días difíciles y –aún más– peligrosos, por lo cual es preciso estar atentos a las admoniciones del Espíritu Santo, y velar. En este estudio se desarrollan siete características que ha de tener todo hombre de Dios en nuestros días:…     Readmore

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Todo en la vida, como Adoración

Romanos 12:1-2 . Ni en este monte ni en Jerusalén. En el primer mensaje sobre adoración hace tres semanas el punto principal fue, primero, que en el Nuevo Testamento hay una indiferencia asombrosa acerca del lugar y la forma externa: "Ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre, sino en espíritu y en verdad" (Juan 4:21-23) No en…     Readmore

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Sed sobrios y velad, porque...

Por Billy Graham. Los predicadores debemos comunicar el evangelio no sólo con nuestros labios, sino también por medio de nuestras vidas. Esta es una prueba visual de que el mensaje que predicamos puede cambiar realmente las vidas. Para que nuestras vidas sean evidencia de la realidad de Jesucristo el autor presenta seis factores para la vida santa del ministro que…     Readmore

 

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Sed sobrios y velad, porque... PDF Imprimir E-Mail

Por Billy Graham. Los predicadores debemos comunicar el evangelio no sólo con nuestros labios, sino también por medio de nuestras vidas. Esta es una prueba visual de que el mensaje que predicamos puede cambiar realmente las vidas. Para que nuestras vidas sean evidencia de la realidad de Jesucristo el autor presenta seis factores para la vida santa del ministro que se deben recordar

La predicación no es el único modo en el que exponemos el evangelio de Cristo. Nuestras vidas deben dar también testimonio a otros de la realidad de Jesucristo. Quienes influyeron más profundamente en mi vida no fueron necesariamente predicadores grandes y elocuentes, sino hombres y mujeres de Dios cuyas vidas se caracterizaban por su santidad y semejanza con Cristo.

El evangelio no sólo lo debemos comunicar con nuestros labios, sino también por medio de nuestras vidas. Esta es una prueba visual de que el mensaje que predicamos puede cambiar realmente las vidas.

Nuestro mundo actual está buscando hombres y mujeres llenos de integridad, para utilizarlos como comunicadores que respalden su ministerio con sus propias vidas. Nuestra predicación nace de lo que somos. Estamos llamados a ser gente santa –separados de las maldades morales del mundo. La Biblia ordena: "Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir" ( 1 Pe. 1.15). El Apóstol Juan escribió: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre" (1 Jn. 1.15-17).

Me parece que un evangelista, y también pastores, se enfrentan a las tentaciones, en forma especial, en tres campos: el orgullo, el dinero y la moral. Había también tres zonas de tentación en el versículo que acabamos de mencionar: primeramente, el deseo de la carne; en segundo lugar, el deseo de los ojos, y en tercero, la vanagloria de la vida. Esos campos son llamamientos al mal uso de los apetitos naturales. Esos son exactamente los puntos que utilizó Satanás para tentar a Eva en Gn. 3.4-6, y a Jesús, en Mt. 4.1-11. Eva cedió ante la tentación, pero nuestro Señor Jesucristo, debido a que estaba lleno del Espíritu Santo y citó la palabra de Dios, venció las tentaciones de Satanás. Jesús declaró: "Vosotros sois la luz del mundo… Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos" (Mt. 5.14-16). Pedro advirtió: "Manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras" (1 Pe. 2.12).

Las normas de vida y conducta para quienes se dedican a los ministerios de Cristo están enraizadas en los patriarcas, los líderes y los profetas del Antiguo Testamento. Fueron aprobados por Dios por el modo en que vivían. Esto no quiere decir que fueron perfectos. La Biblia es absolutamente franca en lo que se refiere a sus pecados y fracasos. Indica todos éstos, a veces con muchos detalles embarazosos, para que aprendamos de ellos y evitemos sus fallas (Ro. 15.4).

Jesús mismo recibió la aprobación de Dios, porque como hombre experimentó las mismas tentaciones reales que el resto de los seres humanos; sin embargo, fue sin pecado (He. 4.15). Sigue siendo para todos nosotros el modelo de santidad y pureza moral.

Al iniciarse su ministerio, en el Sermón del Monte, Jesús les dio enseñanzas a sus discípulos sobre la puerta estrecha y el camino difícil que lleva a la vida (Mt. 7.13-14). Nos advirtió en contra de los falsos profetas. Dijo que los árboles buenos producen buenos frutos; pero los malos no pueden dar frutos buenos. A continuación, les advirtió a sus discípulos contra los que, en su nombre, profetizaban (o evangelizaban), expulsaban demonios y realizaban milagros; pero no ponían en práctica su Palabra. Dijo que serán rechazados y no entrarán al reino de Dios. (Mt. 7.15-23).

Pedro y Judas advierten contra los falsos maestros corrompidos por la sensualidad, la codicia, la inmoralidad y la impiedad (2 Pe. 2; Jud.).

La prueba de la verdadera fe se expresa mediante una búsqueda interna de piedad en todos los campos de la vida. Tenemos que ser santos, como el Dios que nos llamó es santo; debemos de estar apartados para El en toda nuestra conducta.

Aun cuando Timoteo era un joven que parece que se ocupó de un ministerio pastoral, el Apóstol Pablo lo exhorta a ser "ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza" (1 Ti. 4.12). Nuevamente, en su segunda epístola a Timoteo, el apóstol le recuerda su llamamiento santo, para un servicio singular a Dios que exigía una vida ejemplar (2 Ti. 1.6-9; 2.1-26).

En su epístola a los efesios, Pablo advirtió: "Pero fornicación y toda inmundicia o avaricia ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos" (Ef. 5.3). "Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia", les escribió a los tesalonicenses, "sino a santificación. Así que, el que desecha esto no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo". (1 Ts. 4.7-8).

En mis viajes por todo el mundo he descubierto que se presentan dudas sobre diferentes normas de conducta. A menudo, se trata en gran parte de diferencias culturales que no tienen ninguna relación con los temas morales básicos. Lo más importante de todo es que Dios desea que le agrademos a El y que seamos ejemplos de Cristo. Con este objetivo, hay diversas cosas que tenemos que recordar. En primer lugar, se nos aplican en la actualidad las normas apostólicas de santidad y pureza. Es peligroso interpretar la Biblia de tal modo que se justifiquen o excusen nuestros pecados, pretendiendo que algunos de sus mandatos relativos a la conducta sólo se aplicaban a la cultura del primer siglo. A este respecto es importante estudiar pasajes tales como el de 1 Co. 10.1-15, para el modo en que Pablo aplicó los mismos principios de vida santa que se referían a los hijos de Israel de varios siglos antes. De hecho, dijo: "Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos" (1 Co. 10.11). Gracias a Dios, añadió: "No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" (1 Co. 10.13).

En segundo lugar, Jesús murió en la cruz por nuestra naturaleza pecaminosa, al igual que por los pecados que son el resultado de ella. Teniendo esto en cuenta, debemos permanecer tan alejados del pecado como sea posible (en lugar de tratar de ver hasta que punto podemos acercarnos sin vernos atrapados). Se cuenta el relato de un rey medieval que deseaba descubrir cual era el hombre mejor preparado para ser su cochero. Escogieron a tres hombres como los mejores de todo el reino. A continuación los llevó a la cumbre de un cerro y les pidió que condujeran los coches a lo largo del camino accidentado con una caída vertical de más de trescientos metros. Los dos primeros cocheros condujeron sus vehículos con toda la rapidez posible y tan cerca del borde como les resultó factible, demostrando la pericia con la que podían maniobrar sus coches, incluso cuando estaban muy cerca del borde del precipicio. El tercer cochero condujo su vehículo con rapidez, pero a varios metros de distancia del borde de los acantilados. Este último fue el escogido.

En las dos epístolas de Pablo al joven Timoteo, le aconsejaba que "huyera" realmente de las tentaciones (1 Ti. 6.11; 2 Ti. 2.22). En otras palabras, establezca toda la distancia posible entre su persona y lo que el diablo pudiera utilizar para destruir su testimonio.

 



 
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“Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad.” (John 17:17)

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Por qué soy llamado pastor

Me sujeté fuertemente al púlpito. Sentía un nudo en mi interior. Estaba a punto de renunciar a mi primer trabajo pastoral, después de tres años en el cargo.
Era esa clase de reunión sobre la que muchas veces hemos oído hablar y siempre hemos deseado no tener que atravesar. Las hileras de bancos estaban atiborradas de personas. Habían venido a ver si era cierto que el pastor manifestaría sus intenciones de renunciar.

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